BIENVENIDA PRESBICIA

El día menos pensado llega este temible momento…visión borrosa, lagrimeo…De repente descubres que, para poder leer las indicaciones de cualquier producto, tienes que alejar la etiqueta; que en la playa, cuando por fin puedes estrujar un libro y saborearlo, las letras se ven borrosas…¿será la sal? ¿Será el sol? ¿Será la bruma del mar? ¿la crema?. No, lo lamento, es la presbicia; o si lo prefieres, la vista cansada.

Y de un día para otro, tu vida cambia…Para coser un botón, para leer una receta, para redactar ese contrato demasiado extenso…

Lo más difícil es aceptar que este nuevo status viene determinado por la edad. Que presbicia es sinónimo de envejecimiento. La primera tendencia en público es disimular, separando la cabeza del texto tan lentamente que apenas se aprecie, o pidiendo en un restaurante el plato del día para evitar reconocer que no puedes leer la carta. Y, cuando ya no ves literalmente “ni torta” de cerca, debes sacar fuerzas para tomar una dura decisión: acudir al oftalmólogo.

Y en ese momento intentas encontrar el lado simpático del asunto. ¿Gafas de pasta o metálicas? ¿discretas o llamativas? Y te engañas a ti mismo ilusionándote por una juventud perdida.

El primer año te sientes torpe y hasta casi ridícula/o, evitando sacar las gafas que te molestan sólo con verlas.

Lamentas que haya pasado el tiempo tan rápido, y entre lamentación y lamentación, te miras ante el espejo y descubres gratamente, que, sin gafas, te ves más favorecida. Las arrugas que hace dos años te quitaban hasta el sueño, ahora apenas se aprecian. La piel luce más perfecta, al menos para ti. Y poco a poco, empiezas a descubrir las ventajas naturales de un hecho que a todos nos acontece con la edad. A medida que envejecemos, nuestro organismo (la sabia naturaleza) inteligentemente actúa e introduce mecanismos para que aceptemos de un modo natural la decadencia inevitable.

Los defectos siempre estarán ahí, pero gracias a la presbicia, las imperfecciones se minimizan y todo adquiere otra perspectiva.

Ahora bien, si te empeñas en ver de cerca y utilizas las gafas, los defectos se agudizan….

 

Lo mismo ocurre con las personas. Siempre vemos los defectos en aquellos que tenemos más cerca, los más allegados. Compañeros de trabajo, jefes, familia, amigos. El roce hace el cariño, pero también acentúa los defectos. Cuanto más cerca tenemos a las personas, más visibles son sus carencias. Y con gafas de aumento, mucho más.

 

Así que permitamos entrar a la presbicia en nuestras vidas, en las relaciones profesionales y personales, y comencemos a mirar con menos exigencia a los que nos rodean. En ese momento descubriremos que los defectos que apreciábamos empiezan a disiparse y que, con un poco de distancia, todos mejoramos.

Abramos la puerta a la presbicia y miremos a los más cercanos con ojos de adultos, con la madurez que da la vista cansada, sin lentes de aumento.  Dejemos de juzgar negativamente justo a los que están a nuestro lado e introduzcamos esa pátina que nos permite pasar por alto las imperfecciones. Las impresiones varían en función del prisma con el que se mira a los demás. Yo prefiero ver borroso a mi entorno, sin necesidad de gafas que amplíen los defectos inevitables de los más próximos…Nunca pensé que lo diría: ¡bienvenida presbicia!!


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